Han pasado los años y sin embargo los/as madrileños/as progresistas de izquierdas, mantenemos en nuestra mente la traición que la izquierda madrileña padeció en la primavera de 2003. En aquellas elecciones autonómicas la suma de los/as diputados/as de izquierdas eran mayoría para gobernar en la Comunidad de Madrid. Fueron dos diputados del PSM, los traidores que no asistieron a la investidura del candidato socialista, Rafael Simancas.
Así empezó la victoria de la derecha y cómo la presidencia de la CAM, la consigue Esperanza Aguirre (PP). Después de aquel episodio, se monta una comisión de investigación con luz y taquígrafos que desvelaron todas las miserias que la política a veces está obligada a realizar. El resultado fue un desastre para la izquierda.
He querido rememorar el hecho, debido al enfrentamiento y reproches que mantienen en sus respectivos medios de comunicación Tomás Gómez y Gregorio Gordo. La espoleta que provoca la explosión es el desalojo de la alcaldesa de Velilla de San Antonio. Los concejales del PP e IU suman sus votos y arrebatan la alcaldía al PSOE.
Muy sibilinamente, el Sr. Granados (PP) se encarga de atizar el fuego, con lo cual, Secretario general y Coordinador general de Madrid, descubren ante la opinión pública todas sus diferencias y tropelías. Esto, sino es exactamente igual que en 2003, sí que puede tener el mismo beneficio electoral para la derecha madrileña que representa y de que manera, Esperanza Aguirre (PP).
Con sensatez y serenidad deben parar y sentarse en privado para analizar severamente la situación. Hay que recordar que ambas formaciones políticas forman muchos gobiernos en municipios de la Comunidad de Madrid, y no se puede cometer la gran torpeza, con el aliño del Partido Popular, de poner en peligro modelos estables de gobiernos progresistas.
La parada festiva de estos días puede ayudar a calmar las aguas y las personas afines a una y otra formación política, estamos obligados a llamar la atención sobre el comportamiento y la racionalidad de los argumentos. Es posible que se hayan cometido errores, pero ellos, no pueden hipotecar el proyecto del futuro. No se puede proporcionar argumentos al adversario político.

Unánimemente deseamos que este tipo de actos no se tengan que repetir.

Y, como el ecosistema está formado por industrias que en teoría desarrollan su actividad para corregir que las aguas que se vierten en los ríos lleguen limpias; en el día de hoy, quiero denunciar la situación que vivimos en las cercanías de la depuradora de “Butarque” en el distrito de Villaverde de Madrid. Esta instalación es gestionada por la Comunidad de Madrid, y para conseguir la depuración del agua residual que le llega, genera un olor putrefacto que invade el entorno. Es decir, contamina el aire que respiramos los vecinos de Getafe y Villaverde.