lunes, 17 de agosto de 2015

Una llamada de atención

Pasado el ecuador del mes de agosto, los políticos empiezan a despertar del agostado mes y preparan sus iniciativas para el resto de legislatura. Pedro Sánchez, ha sido el primero en hacer un llamamiento a la militancia socialista madrileña.

El secretario general del PSOE, dada la peculiaridad que vive el nuevo PSOE-M, requiere a los militantes socialistas a trabajar y trabajar bajo la nueva dirección de Sara Hernández. Sánchez es consciente de la intranquilidad que persiste en la comunidad socialista madrileña. Si esto se mantuviera en el tiempo, flaco favor aportarían los socialistas madrileños al objetivo común del PSOE federal.

La tranquilidad veraniega incita a la lectura. Y, entre las diversas notas hay quien analiza la convulsa agrupación, federación, partido y ahora de nuevo partido madrileño con siglas distintas. Por tanto, no es nada nuevo lo que sucede.

Ahora bien, llegados al punto de esta realidad y en aras del bien común del partido, se pueden adoptar dos posturas: en una organización democrática, a nadie se le puede imponer si no tiene responsabilidad orgánica, que cumpla con lealtad las decisiones que toma la dirección, si la persona afectada, valora que no van en la línea política que ella considera acertada. Y, por ello, de parte del discrepante, se debe dejar hacer sin obstaculizar el trabajo del nuevo proyecto. Este comportamiento mutuo es el único proceder que ayuda a solventar de inmediato el conflicto.

Estos principios básicos son los que se aprecia que no se están poniendo en práctica en la ciudad de Madrid. La destitución de Antonio Miguel Carmona de la portavocía municipal del Ayuntamiento, y la posterior decisión de Carmona de seguir con su actividad pública ejerciendo el cargo de concejal electo, este pasado fin de semana, ha dejado titulares que los más osados lo califican de “alcalde en la sombra”.
Es preciso recordar que esta persona sí tiene responsabilidad política institucional por designación orgánica del PSOE. Y, si él considera que quiere ejercer libremente su actividad política, debe alcanzar algún tipo de acuerdo con la dirección de Madrid. De no llegar a ese entendimiento, el incumplimiento de las normas orgánicas puede generar la aplicación del reglamento que recaiga sobre la actitud del Sr. Carmona.

Analistas atrevidos y quizás con otros intereses, ya apuntan a la nueva mayoría que se puede producir en el Gobierno del Ayuntamiento de Madrid si Carmona no encontrara encaje político dentro del grupo municipal socialista.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Lo de echar a Carmona es poco democrático, se mire como se mire.La PSM no tiene remedio siempre a navajazos