jueves, 18 de enero de 2007

Laberinto editorial

Desde el catastrófico atentado de Barajas los medios de comunicación cada día nos ofrecen una de cal y otra de arena. Y concretamente, el diario El Mundo. Después de la concurrida manifestación la interpretación y lectura de la misma, estaba dentro de la racionalidad democrática, pero hoy, hace una ofensa directa a ese pensamiento.

Para el Partido Popular, la torpeza de la banda terrorista ha creado el argumento justificante de por qué se deben hacer las cosas según determinadas condiciones. Después del debate del Congreso, la iniciativa del Presiente del Gobierno de convocar el Pacto por la Libertades y contra el Terrorismo, es contestada por el PP, anunciando la presentación de una serie de iniciativas, que a criterio de los portavoces de todos los grupos parlamentarios, “sólo tienen por objeto exacerbar la crispación y amplificar la absurda decisión de la dirección del PP de ir al choque frontal con el Gobierno y con las demás fuerzas democráticas, en vez de unirse a ellas contra el único enemigo común, que es la violencia y quienes la practica o alientan”.

Por lo tanto, los portavoces de todos los grupos parlamentarios rechazan debatir en el Congreso las propuestas del PP. No obstante, los grupos parlamentarios siguen instando al PP para que se sume a todos los partidos democráticos para reforzar la lucha contra el terrorismo, "como desea la inmensa mayoría de los ciudadanos".

Llegados a este punto es cuando entra en escena la ofensa editorial del Mundo, que califica la decisión de la mayoría parlamentaria como: “algo políticamente equivalente -y no exageramos un ápice- a lo que practicaban los nazis cuando enclaustraban a los judíos en sus guetos”. Esto es un insulto al sentimiento democrático.

Decía al principio que la inutilidad terrorista había supuesto un asidero para que el PP pueda enarbolar la bandera belicista contra la organización ETA, y de no percibir la sociedad un riguroso cambio de actitud del mundo terrorista, el Partido Popular seguirá enganchado a esa política y medios como El Mundo a reflexiones ramplonas acerca del aislamiento político conservador.

Objetivo: distraernos y cansarnos. En un Estado de Derecho los principios democráticos no apartan a nadie del debate político, lo que sí obliga es a respetar las decisiones de las mayorías.

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